Estudiantes de Entre Ríos transforman necesidades de su comunidad en oportunidades para emprender
Con propuestas diferentes, estudiantes de entre 16 y 18 años de dos escuelas de Entre Ríos transformaron problemáticas y necesidades de su entorno en oportunidades para emprender: convertir residuos de la industria maderera en una alternativa para calefaccionar hogares y crear productos que protegen objetos de uso cotidiano mientras mantienen viva la memoria de los Héroes de Malvinas.
Del residuo de la industria a una alternativa para calefaccionar
En la Escuela Nº11 Valentina Páez, una institución rural, los estudiantes crearon Furnace, un emprendimiento que produce eco ladrillos a partir de residuos de la industria maderera, como aserrín y viruta.
La idea surgió a partir de una consigna de su docente, Lía Brunner, que los invitó a observar qué sucedía en las industrias de la zona y pensar qué podían hacer con aquellos materiales que se descartaban. “Vayan viendo qué desechos generan las industrias de acá de la zona. Porque yo pensaba a partir de los desechos hacer algo nuevo”, les propuso como punto de partida.
A partir de esa búsqueda, los estudiantes comenzaron a trabajar sobre distintas posibilidades hasta definir el producto que querían desarrollar. El proyecto también estuvo atravesado por una problemática que conocían de cerca: en las zonas rurales de la provincia, la leña es una de las principales fuentes de calefacción y el costo de la electricidad representa una dificultad para muchas familias.
Así, Furnace buscó aprovechar un residuo disponible en la zona y transformarlo en una alternativa para facilitar el encendido y mantenimiento del fuego. Para los estudiantes, llevar adelante el proyecto implicó aprender a organizarse y asumir diferentes responsabilidades dentro del emprendimiento. Como explicó uno de ellos: “cada uno iba produciendo y se iban dividiendo el trabajo, uno empaqueta, otro los prensa”.
A medida que avanzaron, los jóvenes tuvieron que presentar su idea, responder preguntas y relacionarse con personas que no formaban parte de su comunidad escolar. Uno de los estudiantes destacó justamente ese aspecto de la experiencia: “Aprendimos trabajo en equipo, la comunicación con otras personas, con personas de afuera, que no sean de la escuela, compañeros y todo eso. Aprender a hablar también con otras personas”.
Esa dimensión del proyecto se hizo especialmente visible cuando comenzaron a participar de ferias. En una primera experiencia en Aranguren, los estudiantes tuvieron que animarse a contar qué habían creado y explicar su propuesta. Después, viajaron junto a su docente durante cinco horas hasta Concepción del Uruguay para participar de la Rueda de capitalización de Aprender a emprender. Allí presentaron Furnace, conversaron con potenciales inversores y respondieron preguntas sobre el proyecto. La experiencia terminó con la venta de todas las acciones disponibles. Para su docente, ese momento también permitió ver cuánto habían avanzado sus estudiantes desde los primeros encuentros: “Hablaron de una forma que nunca habíamos visto en público”.
La respuesta que recibieron también superó sus propias expectativas. Después de las primeras experiencias de venta, uno de los estudiantes recordó el entusiasmo que generó la propuesta: “No esperábamos que fuese tan explosivo. Fue una bomba total lo que hicimos”. El emprendimiento comenzó a recibir pedidos y el grupo tuvo que enfrentarse a un nuevo desafío: organizar la producción para poder responder a la demanda. Y ese proceso fue parte central de la experiencia.
Más allá del producto que logren desarrollar, lo importante es que los estudiantes puedan aprender a partir de situaciones concretas y poner en práctica herramientas que puedan utilizar fuera de la escuela: “A mí no me sirve de nada que ellos memoricen algo que después no van a usar en la vida. A mí me sirve esto: que aprendan a emprender”, explicó Lía.

Crear para mantener viva una historia
En la Escuela Secundaria N° 17 Héroes de Malvinas, otro grupo de estudiantes encontró en la identidad de su comunidad el punto de partida para crear Memoria Viva.
El emprendimiento propone productos funcionales y duraderos para proteger objetos de uso cotidiano, incorporando la imagen de Malvinas como parte de su identidad. De esta manera, los jóvenes buscaron combinar diseño y utilidad con una propuesta que permita mantener presente una historia significativa para la comunidad educativa. Al igual que sus pares de la Escuela Nº 11 Valentina Páez, los estudiantes tuvieron que transformar una idea en un proyecto concreto, organizarse para llevarlo adelante y pensar cómo comunicar y desarrollar una propuesta propia.
Aprender haciendo
Las experiencias de estos estudiantes muestran cómo el aprendizaje puede comenzar con una pregunta sobre el entorno: ¿qué necesidad vemos?, ¿qué podemos hacer con lo que tenemos?, ¿qué solución podemos crear?
En ese recorrido, los jóvenes no solo desarrollan un producto. También aprenden a tomar decisiones, distribuir responsabilidades, comunicarse, presentar sus ideas, enfrentarse a nuevos desafíos y conocer de primera mano qué implica gestionar un emprendimiento real.
Aprender a emprender es el programa de Junior Achievement que invita a estudiantes de 15 a 18 años a crear y gestionar un emprendimiento real. A lo largo de la experiencia, los jóvenes atraviesan distintas etapas del proceso emprendedor y ponen en práctica habilidades vinculadas con el trabajo en equipo, la comunicación, la toma de decisiones, la organización y la gestión de recursos.








